De espíritu recio y alma frágil, envalentonada y quebradiza, Lucha Reyes cruzó por la vida en la íntima búsqueda de una felicidad que le fue siempre esquiva, de una familia rota, de hijos imposibles. Bebió el alcohol de su tristeza junto al cancionero patrio que lo testimoniaba.
Jaime Vázquez
En 1993, Arturo Ripstein dirigió La reina de la noche, con guion de Paz Alicia Garciadiego en una historia oscura y claustrofóbica, de múltiples ecos sórdidos sobre la vida de Lucha Reyes, la célebre “reina de la canción ranchera”. Patricia Reyes Spíndola la interpreta y Betsy Pecanins pone su voz a las canciones.
La primera ocasión en la que Ripstein y Garciadiego colaboraron en un proyecto fílmico fue en El imperio de la fortuna (1986), adaptación de la obra El gallo de oro de Juan Rulfo.
Paz Alicia comentó en entrevista con Roberto Fiesco que La reina de la noche fue una película por encargo, no un proyecto personal o en mancuerna con Ripstein, al que invitaron como director ya avanzado el guion.
La idea original de la guionista fue realizar una “biografía imaginaria” de Lucha Reyes, la cantante atormentada y trágica que se convirtió después de una vida difícil y breve, con el paso de los años y ya como leyenda, en la iniciadora o quizá fundadora de un estilo de interpretar la canción mexicana bravía.
La cinta no convenció a todos. La escritora Alma Velasco, por ejemplo, la criticó por no ajustarse a la real biografía de la cantante. Velasco es autora de una novela sobre Lucha Reyes titulada Me llaman la tequilera, alusión a una de las famosas canciones que Reyes interpretó y que de alguna manera identifica su muy particular estilo de vida.
Entre la realidad y el mito, María de la Luz Flores Aceves, nombre verdadero de Lucha Reyes, es una referencia en la música vernácula, un punto de inspiración y apoyo para las cantantes del género que han bebido del estilo, la personalidad, la impronta que Reyes estableció y heredó con enorme fuerza al cancionero mexicano y a la cultura nacional.
Este año se celebra el aniversario 120 del natalicio de Lucha Reyes (23 de mayo de 1906, Guadalajara, Jalisco).
A pesar de su muerte a los 38 años (25 de junio de 1944 en la Ciudad de México), Lucha Reyes estuvo muy presente en los diversos escenarios artísticos de la primera mitad del siglo XX de México. La leyenda creció con el tiempo, alimentada por otro mito: el de una existencia agitada, tormentosa.
En su adolescencia, un concurso le dio el paso a un contrato en una carpa, de ahí al Teatro Iris y a desarrollarse como cancionera. Viajó en gira artística a los Estados Unidos y regresó a México.
En 1924 Reyes su unió a las hermanas Blanca y Ofelia Ascencio para formar el “Trío Reyes-Ascencio”, intérpretes de música mexicana, de “aires del campo”. La asociación no funcionó debido a los escándalos provocados por Lucha debidos a su afición incontrolable por consumir bebidas alcohólicas.
Las hermanas se separan de Reyes y al trío se une Julia Garnica, para renombrar al grupo como “Trío Garnica-Ascencio”, con el estilo campirano con el que sellaron su éxito en aquellos años.
El paso de Lucha Reyes en el cine fue breve también. Aparece, sin créditos, como cantante, en El tesoro de Pancho Villa (1934, Arcady Boytler), Cielito lindo (1935, Roberto Gavaldón y Robert Quigley), Canción del alma (1937, Chano Urueta) o La tierra del mariachi (1937, Raúl de Anda y Roberto Gavaldón).
En 1938 interpreta a la soldadera Adela en Con los dorados de Villa (Raúl de Anda). Es la “Nena” en El Zorro de Jalisco (1940, José Benavides) y la cancionera que interpreta el tema de ¡Ay, Jalisco, no te rajes!, en el palenque, frente al “Ametralladora”, personaje de Jorge Negrete.
Participa en Qué rechulo es mi Tarzán (1943), cinta a la que Emilio García Riera se refiere así: “…se estrenó en el Cinelandia (sala dedicada casi exclusivamente a cortometrajes), dirigida por Max Liszt e interpretada por la cantante de ranchero Lucha Reyes, el bigotón chaflanesco Jorge Madrid (…) la música de Max Urban…”.
En Flor Silvestre (1943, Emilio Fernández) Lucha Reyes canta “El herradero” en el jaripeo, una potente voz en la fiesta popular.
De espíritu recio y alma frágil, envalentonada y quebradiza, Lucha Reyes cruzó por la vida en la íntima búsqueda de una felicidad que le fue siempre esquiva, de una familia rota, de hijos imposibles. Bebió el alcohol de su tristeza junto al cancionero patrio que lo testimoniaba.
Decidió, un día de encierro y pena, a los 38 años de vida, abandonar para siempre esa búsqueda.
Jaime Vázquez, promotor cultural por más de 40 años. Estudió Filosofía en la UNAM. Fue docente en el Centro de Capacitación Cinematográfica. Ha publicado cuento, crónica, reportaje, entrevista y crítica. Colaborador del sitio digital zonaoctaviopaz. Autor del libro: “Michoacán en el cine. Episodios en la pantalla”. @vazquezgjaime